BIOGRAFÍA

LOS ORÍGENES

En el principio un hombre llamado Jorge Pedro, nacido en año 1955, nunca se imaginó lo que iba a significar recibir la invitación de uno de sus mejores amigos a la iglesia. ¿A la iglesia? pues si, a la iglesia. Con algo de soberbia don Jorge Pedro dijo las palabras “Yo no le tengo miedo a nada” y se dirigió en compañía de su amigo sin saber que algún día su descendencia también formaría parte de lo algunos llaman “el rebaño”, “los del camino”, “unos locos que siguen a Jesús”.

Por otra parte una Joven llamada  Sara que significa princesa, nacida en Temuco, fanática de los deportes y seleccionada del equipo de Basquetbol, estudiante de Construcción Civil, viajaba por la carretera de la vida a toda velocidad. Estudiando, trabajando, haciendo deportes.

¡Hasta que!

¡Dios los junto!, me río al pensar que yo hubiera tenido otro nombre, otra cara(¡estoy feliz con lo que me tocó!), otro sentido del humor,  si mis padres hubieran seguido otro camino o si no se hubieran dado la oportunidad de conocerse pacientemente. Luego hay noviazgo, casamiento y vino el primer hijo.

Así que el 16 de Enero de 1984, en la ciudad de Temuco Chile, nace un querubín, un niño que tenía algo de hiperactividad, ¡los profesores de la escuela nunca entendieron esto!, hubieron un sin número de travesuras, anotaciones negativas por desordenado e inquieto, ¡es que me encantaba el colegio! , un angelito como pueden ver 🙂

EL TRAYECTO

Hubieron 2 quiebres en mi vida de los cuales hablaré un poco…

QUIEBRE I: El primer aviso.

En el colegio jugando Basquetbol, quise subir corriendo las graderías, lo había hecho muchas veces, pero esta vez resbale y me di dos golpes severo, uno en la nariz en la torre y otro debajo de las fosas, sobre los dientes. Recuerdo que quede inconsciente y al despertar no sé si me asuste por el accidente o al ver la cara de horror de mis compañeros alrededor de mi.

(personas sensibles por favor sáltese esta parte, contiene datos crudos)

Llegamos al hospital con el cartílago algo expuesto y el labio incrustado en los frenillos (Brackets, frenos, etc) que tenía en los dientes.

(fin de los datos crudos, puede seguir leyendo)

Hubo cirugía para quitarlos y otra cirugía para reparar la nariz (Que nunca volvió a ser la misma :D), recuerdo que no hubieron mayores cambios en mi vida, pensé “que mala suerte tuve”, tendré cuidado para la próxima.

QUIEBRE II: El Segundo y el último.

Comencé con dolores en el abdomen, me llevaron al hospital de urgencia, pero la eco-grafía no mostraba nada, no sabían que algo estaba escondido ahí, no era fácil saberlo. Volví a mi hogar y estuve con dolores durante una semana y cuando se tornó insoportable, me llevaron por segunda vez al hospital, un enfermera piadosa dejo que me internaran y así estuve en observación, durante 3 semanas, me hice todos los exámenes y chequeos pero nadie encontró nada y el dolor seguía ahí. Al cabo de estas 3 semanas, me di cuenta que vida se me estaba yendo, estaba en los huesos y 2 personas que estaban en el mismo sector de tratamiento, habían partido (a uno de ellos lo vi dar su último suspiro), yo dije:

¡Vienen por mí!

Decidí que era buena idea juntar a toda mi familia y pedirle perdón uno por uno porque hablemos claro, no era el mejor hijo, hermano, sobrino, amigo, cristiano (Seguimos trabajando). Tenía miedo al principio de lo que me esperaba (al cruzar el umbral entre la vida y la muerte), al pedir perdón quedé más tranquilo, en paz con mi familia y con tranquilidad acerca de mi pronto encuentro con Dios.

Recuerdo que en la radio del hospital estaba tocando una canción de Alex Ubago “A GRITOS DE ESPERANZA”, decía

“A pesar, que la luna no brille, mañana…”,

la tocaban muchas veces en el día y me ayudaba a recordar que no tenía mi mañana comprado, así que le dije a Dios la siguiente oración:

“Señor no debería tener miedo de morir e irme contigo, discúlpame, se que debiera ser mi alegría y la de todo cristiano, pero te propongo un trato, ¡quiero casarme y tener hijos!, si me das la oportunidad de seguir viviendo te prometo que no perderé más el tiempo y aprovecharé cada segundo de vida que me regales…”

Si antes tenía esa sensación cristiana de que no nos pertenecemos a nosotros mismos porque somos de Dios, bueno, después de esa oración me sentí absolutamente deudor y agradecido y ese mismo sentimiento albergo en mi corazón hasta el día de hoy.

EL FINAL

Aún no me caso, ni tampoco tengo hijos, así que al menos tengo “asegurado” un tiempo más 🙂

Después de eso termine mi carrera de Ingeniería en informática (nunca mas volví a reprobar un ramo/asignatura)

Estaba tan feliz de poder estar vivo, de poder respirar bien, de no sentir dolores internos por el frío, de ver a mi familia, de poder reírme y que no me doliera el abdomen (por los puntos de la cirugía)

¡Verdad!, no terminé de contar mi historia, ¿quieren que se las cuente?, bueno, siga leyendo.

EL FINAL DE LA HISTORIA

Después de hacer la oración a Dios pidiéndole una segunda oportunidad, un par de días más tarde, paso algo especial. Un hombre anciano, muy afable, con su delantal blanco, entro en el sector donde me encontraba ya más de 3 semanas internado, y comenzó a revisar la ficha de cada enfermo, a preguntarles como se sentía, y a darles unos minutos a cada uno con palabras amables y preocupación desinteresada.

Así se fue acercando hasta que llegó mi turno, “¿cómo está hijito?” me preguntó, en escuetas palabras le dije “Mal, estoy hace como 3 semanas aquí y nadie sabe lo que tengo”, en eso dejo mi ficha clínica que estaba mirando, se me acercó, me miro a los ojos y me dijo, “por el color de sus ojos, usted tiene Hepatitis o Apendicitis”. Replicó “Si usted quiere, puedo dar la orden para que se le haga una cirugía exploradora”, me dijo que si me encontraban algo adentro me lo limpiarían o repararían y como mínimo sabría lo que tengo. Me dijo “¿Estás en ayunas?”, sonreí “Llevo 3 semanas ayunando”.

Esa misma noche, en una camilla pequeña que me sostenía solo la mitad de mi cuerpo, me pusieron anestesia y muchas horas después de la operación, desperté con un tubo que drenaba desde mi interior y con una sensación de que algo malo me habían sacado. La enfermera me dijo: tenías apendicitis, si hubieras estado 2 días más te hubieras muerto, porque había reventado y los demás órganos se estaban envenenando. Diagnóstico final: Peritonitis Gangrenosa.

Nunca volví a ver al médico anciano, pregunté por el para agradecerle, pero nadie me supo decir quién era o de donde salió. Algunos me han dicho que son médicos jubilados que van de tanto en tanto a visitar pacientes porque tienen vocación. Bueno, sea lo que fuere, Dios lo uso para darme otra oportunidad. Espero no desaprovecharla.

¿Aprovecharás TU oportunidad?,

¡Hazlo!, El Señor Jesucristo no defrauda. te dejo el coro de la canción de mi disco musical “Érase un hombre y un Dios”

Que el Señor te bendiga.

ERASE UN HOMBRE Y UN DIOS

 

CORO  (Dios hablando)

¡Se Libre!

Deja esa vida atrás

Tus pecados, yo borraré

Si tú crees que contigo voy

Fuerzas te daré

Y crucificado ese hombre dejaré

(Dios hablando)

¡Descansa en mí!

Tus fuerzas no gastes más

Es conmigo, que tú vencerás

Si tú crees que contigo voy

Yo te libraré, y un pensamiento nuevo

Tú tendrás